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Pinacoteca meteorológica

Puente en la marisma


Puente en la marisma

Emil Nolde
Año 1910
© Museo Nacional Thyssen-Bornemisza, Madrid


Emil Nolde (1867-1956) pintó este Puente en la marisma en 1910, tres años antes de emprender su viaje a los mares del sur, donde llevó a cabo, entre otras obras, Nubes de verano, perteneciente también a los fondos del Museo Nacional Thyssen-Bornemisza y comentado en esta pinacoteca meteorológica. Ambos lienzos despliegan ante nosotros unos vivos colores, un rasgo común en la producción del artista a través de la cual transmite sus vivencias, los sentimientos y las emociones que provocaron en él determinadas situaciones en distintos lugares por donde transitó. Nolde, en su condición de pintor expresionista, no muestra en sus obras escenas ajustadas a la realidad, sino distorsionadas. El pintor pasó los veranos de 1909 y 1910 en los alrededores de Ruttebüll (Rudbøl en danés), localidad situada en la frontera entre Alemania y Dinamarca. Se trata de una región pantanosa, llena de humedales, tal y como queda patente en esta obra. Nolde nos invita a seguir el camino que se abre frente a nosotros, en primer plano, y a cruzar el puente. Las tonalidades azuladas que aplica a la parte del camino situado a nuestros pies, en la parte inferior del lienzo, permiten deducir que está encharcado. Vemos ahí el reflejo del oscuro nubarrón situado en la franja superior del cielo, en el que el artista intercala trazas de colores claros al azar que rompen la uniformidad de esa capa nubosa. Es muy distinto el típico día de verano en el norte de Europa que en el sur. En la parte más septentrional de la región de Frisia, donde Emil Nolde pasó aquellos dos veranos, los días grises, lluviosos, frescos y de tiempo desapacible dominan sobre los soleados y calurosos de la región mediterránea. La escena muestra un momento, seguramente transitorio, en el que ha dejado de llover, pero en el que sopla el viento, delatado por la inclinación que presentan los verdes juncos de la marisma, a uno y otro lado del puente. La claridad que emerge por el horizonte ilumina el paisaje e intensifica los colores. Podemos llegar a entender las intensas sensaciones que invadieron al artista en ese momento y que, gracias a la expresividad de su estilo pictórico, dictado por el color y unas pinceladas sueltas y enérgicas, logra transmitir al espectador. En palabras del propio Nolde: «la Naturaleza en el arte significa la más enérgica, vitalizadora, floreciente fuerza de la naturaleza».

© José Miguel Viñas
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