Jan van Goyen
Año 1643
© Museo Nacional Thyssen-Bornemisza, Madrid
Desde mediados del siglo XVI hasta la segunda mitad del XVII las escenas puramente invernales –con la nieve y el hielo como indiscutibles protagonistas– se convirtieron en un motivo recurrente en la pintura europea, especialmente en la holandesa. A raíz del crudísimo invierno de 1564-1565 el pintor flamenco Pieter Brueghel el Viejo pintó una serie de tablas en las que el tiempo invernal cobró una relevancia inédita hasta ese momento en la pintura occidental. Su conocida obra Los cazadores en la nieve (1565) marcó ese punto de inflexión. A esa siguieron otras que ilustran cómo el intenso frío, con todo congelado, alteró la vida de la sociedad europea, que tuvo que adaptarse a ese nuevo marco climático. Los inviernos gélidos se fueron repitiendo con cierta cadencia durante la Pequeña Edad de Hielo. Dicha circunstancia queda perfectamente reflejada en la pintura de los paisajistas holandeses de la época, como Jacob van Ruysdael, Hendrick Avercamp o Jan van Goyen (1596-1656), quien, en esta tabla fechada en 1643, pinta una vista de los alrededores de Dordrecht, con el río congelado y las personas desplazándose y haciendo vida sobre él. Se observan varios trineos tirados con caballos, algunas personas patinando y otras llevando a cabo diversas actividades como la pesca o jugando, pues también había tiempo para el ocio, a pesar de las dificultades asociadas a la crudeza invernal. Estas escenas se repetían muchos inviernos. Van Goyen da importancia al cielo en la tabla, que ocupa los dos tercios superiores, algo que también hicieron otros pintores holandeses. No es el típico cielo de nieve, de color grisáceo uniforme (panza de burra, como se dice coloquialmente) sino que dominan en él grandes cúmulos, entre los que se entrevén algunas porciones de cielo azul. Esas nubes están dotadas de dinamismo, al que también contribuye el trasiego de las personas de la parte inferior. De no haber ocurrido aquellos crudos inviernos, los paisajes congelados brillarían por su ausencia en la producción de Van Goyen y de otros muchos pintores que, sin pretenderlo, actuaron como notarios de una época con un clima antagónico al actual (enfriamiento versus calentamiento).
© José Miguel Viñas
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