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Pinacoteca meteorológica

Mar tormentoso con barcos de vela


Mar tormentoso con barcos de vela

Jacob van Ruysdael
Hacia 1668
© Museo Nacional Thyssen-Bornemisza, Madrid


El dramatismo implícito en el tiempo tempestuoso, con el mar muy agitado y nubes amenazantes, es un motivo recurrente en la pintura. Desde siempre, los neerlandeses conviven con los fuertes temporales marítimos que azotan sus costas, al paso de las profundas borrascas que discurren por el Mar del Norte. La violencia con la que sopla el viento sobre la superficie del mar genera olas grandes y espumosas. Bajo estas condiciones meteorológicas, la navegación se complica y el riesgo de zozobrar es alto. Estas condiciones son lo suficientemente impactantes como para no pasar desapercibidas a los pintores holandeses, entre ellos Jacob Isaacksz. van Ruysdael (1628-1682), al margen de la intención deliberada de elegir dicho motivo frente a otros menos llamativos. El siglo XVII fue muy borrascoso en el Atlántico Norte, con largos periodos en los que los temporales no daban tregua. Aunque las marinas no son el motivo que más abunda en la producción de este gran paisajista, sí que encontramos algunos ejemplos notables como Mar tormentoso con barcos a vela, en el que traslada al lienzo de forma muy efectista una mar embravecida bajo el azote de la tormenta, en presencia de un cielo henchido de oscuros nubarrones (cúmulos de gran desarrollo vertical), inclinados hacia la derecha, lo mismo que los velámenes de los barcos, por efecto del fuerte viento reinante que está soplando. La influencia que ejercieron en Ruysdael tanto Jan Porcellis (1584-1632) –especialista en marinas– como Hendrick Martensz. Sorgh (c. 1610-1670) queda patente en esta obra, cuya composición es muy similar a Barcos a vela con viento fuerte de Sorgh. Si echamos mano de la escala Douglas, con la que se clasifica oficialmente el estado del mar, el aspecto que muestra éste en el cuadro permite deducir que se trata de una mar gruesa, con olas de entre 2,5 y 4 metros de altura, en la que –por definición– «comienzan a formarse olas altas. […] La espuma blanca de las rompientes de las crestas empieza a ser arrastrada en la dirección del viento y aumentan los rociones.»

© José Miguel Viñas
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