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PINACOTECA
Feria de Hielo en el Támesis, con el viejo Puente de Londres en la distancia
Pintor desconocido
1684
© Yale Center for British Art
 
Hay bastantes grabados y cuadros como éste, que ilustran la frenética actividad que tenía lugar sobre las aguas congeladas del Támesis a su paso por Londres, en las conocidas como “Ferias de Hielo”. La que tuvo lugar en el invierno de 1683-84 fue excepcional, ya que en aquella ocasión el frío fue más intenso y duradero que el de otros inviernos de la “Pequeña Edad de Hielo” (PEH). Desde el 5 de enero de 1684 hasta la segunda semana de febrero, el río Támesis quedo completamente congelado, formándose una capa de hielo de 28 cm de grosor a la altura de Londres, donde se desarrolla la escena del cuadro. Si bien durante la PEH los inviernos eran, en general, bastante más rigurosos que los actuales, no en todos ellos se congelaba el Támesis en todo su curso, ni se podían celebrar las citadas ferias. Desde 1400 hasta 1841 –año en que el antiguo puente medieval de Londres (que aparece dibujado al fondo en el cuadro) fue demolido y reemplazado por el actual– pudieron celebrarse un total de 23 Ferias de Hielo en la capital británica. Algunos inviernos más, el Támesis llegó a congelarse por completo, pero la capa de hielo en el tramo londinense no alcanzó el grosor suficiente para que la feria pudiera llevarse a cabo. En lo que respecta a la Feria de Hielo de 1683-84, el escritor inglés John Evelyn (1620-1706) dejó escritas detalladas descripciones de todas las actividades que tuvieron lugar en ella (carreras de trineos, de caballos, títeres, bailes carnavalescos, puestos en los que se vendían todo tipo de cosas…), sin olvidar tampoco un interesante apunte meteorológico que refleja fielmente esta pintura, atribuida inicialmente al pintor flamenco, afincado en Inglaterra, Jan Wyck (h. 1645-1700), cuya autoría se desconoce. En palabras de Evelyn: “Londres, por razón de la frialdad excesiva del aire que dificulta el ascenso del humo, estaba tan lleno de vapores fuliginosos de carbón marino que uno apenas podía respirar.” En el cuadro se observa con nitidez ese humo oscuro emergiendo por la parte izquierda del lienzo, lo que dota al cielo de un color parduzco. La calidad del aire londinense en aquella época era mala debido a la quema masiva de carbón que tenía lugar en la ciudad, algo que empeoró todavía más durante la Revolución Industrial y que se prolongó hasta mediados del siglo XX.
 
© José Miguel Viñas
 
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