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PINACOTECA
Playa de Portici
Mariano Fortuny
1874
Colección particular
 
Este cuadro inacabado de Mariano Fortuny (1838-1874) es especial por varios motivos. Fue el último pintado por el artista, poco antes de morir en Roma, el 21 de noviembre de 1874. Entre julio y octubre de aquel año, Fortuny estuvo disfrutando con la familia de un merecido descanso en la pequeña localidad italiana de Portici, próxima a Nápoles y a los pies del Vesubio. Este lienzo, que el autor pensaba titular Villeggiatura (Veraneo), es una buena muestra del virtuosismo técnico del que hizo gala el joven pintor, si bien presenta algunos elementos novedosos, como el propio motivo de la obra (un paisaje con mar) o la luminosidad que emana de ella. De haber vivido más años, lo más seguro es que Fortuny hubiera evolucionado –justamente a partir de “Playa de Portici”– hacia un estilo marcadamente impresionista. El interés que puso por captar la luz en este paisaje mediterráneo se convirtió en una obsesión. A Fortuny le entusiasmó el lugar elegido para pasar esas largas vacaciones, quedando prendado del luminoso paisaje. En palabras del también pintor Bernardo Ferrándiz (1835-1885), que compartió con Fortuny y su familia buena parte de la estancia en Portici: “Allí fue verdaderamente feliz, frente a la más brillante naturaleza que pueda darse, teniendo que luchar contra aquel exceso de luz, que el Maestro atacó de frente, saliendo vencedor de donde tantos otros han salido vencidos, pues hasta qué punto pintó aire, cielo y sol, sus últimos cuadros lo dicen.” En ese cielo de intenso color azul, Fortuny dibujó nubes, las típicas nubes de algodón que surgen en el cielo muchos días de verano. Se trata de pequeños cúmulos ligeramente fracturados; unas nubes que aparecen como consecuencia de las corrientes de aire caliente que ascienden desde el suelo cuando este se calienta, cosa que ocurre preferentemente durante el período estival. El conjunto de nubecitas da a la composición un toque alegre. De alguna manera están reflejando la alegría y la inyección de vitalidad que experimentó el propio Fortuny durante las que serían sus últimas vacaciones.

© José Miguel Viñas

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