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PINACOTECA
Entierro de la Cruz en un foso
Piero della Francesca
1452-1466
Basílica de San Francisco de Arezzo, Italia
 
Los frescos que el artista italiano Piero della Francesca (h. 1415 - 1492) pintó por encargo en el coro de la Basílica de San Francisco de Arezzo, sorprenden por su luminosidad, por la luz mediterránea que envuelve los diferentes motivos retratados en ellos, y que representan diferentes escenas de la “Leyenda de la Vera Cruz”. En varios de ellos, como en este “Entierro de la Cruz en un foso” (El episodio III de la citada “Leyenda”), aparece el cielo azul de la Toscana natal del pintor renacentista, salpicado de unas nubes bastante singulares, que –echando mano del Atlas Internacional de Nubes de la OMM– identificamos con altocumulus lenticularis duplicatus. Antes de explicar la razón por la que Piero della Francesca pintó este tipo de nube tan particular en varias de sus obras, contemos alguna cosa más sobre el artista y sobre el conjunto pictórico donde se engloba este fresco. Nacido en la localidad italiana de Sansepolcro e hijo de una familia de mercaderes, este artista toscano cultivó diversas ramas del saber, como el Cálculo, la Geometría o el Álgebra. Deambuló por distintos lugares del norte y el centro de Italia, mostrando siempre un especial interés por plasmar en sus pinturas la naturaleza, enmarcando sus obras en los paisajes que le eran familiares, cielos incluidos. Los Bacci, la familia más adinerada de Arezzo a mediados del siglo XV, encargó a Piero della Francesca acabar la decoración del coro de la Basílica de San Francisco, que había iniciado otro pintor al que le sorprendió la muerte cuando apenas había terminado uno de los frescos de la bóveda. Quedaba casi todo el trabajo por hacer, y Piero della Francesca se puso manos a la obra. Tardó casi 3 lustros en pintar los 12 frescos que completan la “Leyenda de la Vera Cruz”. Las pinturas van mostrando los distintos avatares en los que, según la tradición medieval, se vio envuelta la madera con la que se hizo la cruz en la que murió Jesús. En este fresco, las nubes llaman poderosamente nuestra atención. El artista rehúsa pintar las familiares “nubes de algodón” y opta por unas formaciones nubosas menos frecuentes, pero fácilmente identificables. Se trata de nubes medias del género altocumulus y especie lenticularis, con su característica forma aplastada, apiladas (variedad duplicatus). Estas nubes tan espectaculares, identificadas no pocas veces con platillos volantes, aparecen únicamente a sotavento de las cordilleras montañosas, como consecuencia de la ondulatoria a la que se ve sometido el aire al incidir a cierta velocidad contra el obstáculo montañoso. Las lenticulares que generan, a veces, los Alpes en los cielos del norte de Italia, son las nubes que retrató aquí –y en otros de sus frescos– Piero della Francesca.
 
© José Miguel Viñas
 
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