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PINACOTECA
Tormenta de nieve
Joseph Mallord William Turner
1842
© Tate Gallery, Londres
 
Esta impactante pintura de J. M. William Turner (1775-1851) está acompañada de una inscripción que reza lo siguiente: “El autor estuvo en esta tormenta de noche en el “Ariel”, a la izquierda de Harwich.” No es seguro que esto ocurriera en realidad, aunque circula desde hace tiempo una historia –real para unos y ficticia para otros– que relata cómo Turner, cuando contaba ya con 67 años de edad, pidió ser atado durante unas horas al mástil del mencionado “Ariel” –un barco de vapor, adquirido por el Almirantazgo británico en 1837, que fue utilizado en Dover como paquebote hasta 1846– durante una tormenta nocturna en el mar, para experimentar las intensas sensaciones provocadas por semejante vivencia. Con independencia de la veracidad o no de la historia, lo cierto es que Turner se mostró siempre fascinado por los elementos desatados de la naturaleza y las interacciones entre ellos. El aire y el agua, amén del fuego y la tierra, se entremezclan en bastantes de sus pinturas, creando combinaciones que transmiten un gran dramatismo, como ocurre en este cuadro. A ello contribuye, sin lugar a dudas, el vórtice sobre el que parece girar toda la escena, un elemento que Turner plasmó también en otras de sus obras. En el cuadro, cuyo título original es “Barco de vapor en la bocana de un puerto” (Steam-Boat off a Harbour’s Mouth), se representa un barco de vapor atrapado en mitad de una tormenta de nieve, una exótica combinación de elementos, fruto de la fantasía romántica del pintor inglés. No faltan interesantes detalles atmosféricos, como la sinuosa forma que adopta el humo que sale de la chimenea del barco, o los colores empleados tanto en las nubes como en las olas –elementos que aparecen fusionados–, rozando la abstracción, un movimiento pictórico del que Turner fue precursor. La obra, cuando fue expuesta por primera vez, fue blanco de las críticas, aunque el conocido escritor y crítico de arte John Ruskin (1819-1900) tuvo palabras de elogio hacia ella. En su libro Modern Painters (“Pintores modernos”), publicado en 1843, escribió que se trata de “uno de los más grandes estados de movimiento del mar, niebla y luz, que nunca se ha plasmado en un lienzo.”
 
© José Miguel Viñas
 
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