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PINACOTECA
Étretat. El acantilado de Aval

Eùgene Boudin
Año 1890
© Colección Carmen Thyssen-Bornemisza, en depósito en el Museo Thyssen-Bornemisza

El paisajista francés Eùgene Boudin (1824-1898) –uno de los primeros pintores franceses de paisajes al aire libre– retrató el mar en muchas de sus obras, a lo que contribuyó, sin duda, su condición de normando. Este cuadro es una buena muestra de ello, si bien encontramos en él más elementos atmosféricos de interés que los propiamente marinos. El cielo ocupa los dos tercios superiores del lienzo, salvo la porción tapada por el singular promontorio de la parte izquierda. La localidad francesa de Étretat, en Normandía, es famosa por sus acantilados, en particular por el que aparece en esta pintura de Boudin; el acantilado de Aval, conocido popularmente como “El ojo de aguja”. A principios del otoño de 1890 y tras haber pasado el verano en su tierra natal, Eùgene Boudin estuvo varios días pintando en Étretat. No fue el único pintor que se sintió atraído por ese paraje, ya que recalaron también por allí Eùgene Delacroix (1798-1863), Gustave Coubert (1819-1877) o Claude Monet (1840-1926), entre otros grandes maestros de la pintura. A diferencia de otros paisajes costeros de Boudin, donde aparecen grupos de pescadores, bañistas, paseantes, etc., en esta ocasión el artista sólo incluye una flotilla de barcos de pesca a vela, integrados en la escena. El mar, a pesar de estar algo picado, aparece bastante encalmado, y por encima de él tenemos una majestuosa atmósfera que brilla con luz propia. Las nubes que salpican el cielo son en su mayoría cúmulos de buen tiempo, si bien alguno de ellos presenta un desarrollo algo mayor. Las pinceladas sueltas de color blanco que enmarañan las porciones de cielo azul representan nubes altas, posiblemente anunciadoras de un cambio de tiempo, algo bastante habitual a finales de septiembre por Normandía. En el cuadro hay un pequeño detalle que nos indica que reina en aquel lugar la estabilidad atmosférica. Se trata de un barco a vapor que discurre por el horizonte marino, y que deja tras de sí una estela de humo perfectamente horizontal y paralela a la línea del horizonte.

© José Miguel Viñas

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