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PINACOTECA
Vista tomada en las cercanías del Monasterio de Piedra (Aragón)

Carlos de Haes
Año 1856
© Museo Carmen Thyssen Málaga

En esta pintura de su primera etapa, el pintor Carlos de Haes (1829-1898) da muestras de su buen hacer como paisajista. Retratar el medio natural de forma tan real sólo está al alcance de unos pocos grandes maestros de la pintura. Antes de examinar las nubes del cuadro, merece la pena recrearnos en la majestuosidad del paisaje retratado, así como en el perfecto tratamiento de la luz del atardecer. El cuadro forma parte de la colección que Carlos de Haes expuso en Madrid en el otoño de 1856, tras haber pasado unos días del verano de aquel año pintando en los alrededores del Monasterio de Piedra, en la provincia de Zaragoza. La acción erosiva del río Piedra a su paso por las inmediaciones del famoso monasterio cisterciense, ha creado uno de los parajes más bellos de Aragón, lo que queda patente en este lienzo, gracias a los delicados y variados matices que el pintor introduce en la vegetación y en el terreno rocoso. Haes consigue transmitir a través de esta obra la serenidad que se experimenta en el campo durante los momentos previos a la puesta de sol. Falta el canto de los pájaros para completar la escena. El cielo delata que se trata de una escena estival, ya que las nubes que allí aparecen –unos pequeños cúmulos desgarrados– son típicas de los meses de verano. La fuerte insolación genera corrientes de aire cálido que ascienden desde el suelo, incluso hasta bien entrada la tarde. En primavera o en otoño también podemos ver el cielo azul salpicado de cúmulos de buen tiempo como estos, pero al no subir tanto la temperatura, la convección se ve frenada antes, por lo que no suelen aparecer al final del día. Completan la escena el pastor y su rebaño, unos privilegiados observadores de tanta belleza.

© José Miguel Viñas

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