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PINACOTECA
Día nublado

Alfred Thompson Bricher
Año 1871
© Colección Carmen Thyssen-Bornemisza, en depósito en el Museo Thyssen-Bornemisza

La uniformidad de un cielo gris, sin elementos que a priori nos seduzcan, no fue óbice para que el pintor estadounidense Alfred Thompson Bricher (1837-1908) decidiera retratarlo y sacarle partido. El resultado es este paisaje de formato vertical, poco habitual en este tipo de pinturas, que muestra algún rincón de la costa del nordeste de los EEUU, lugar donde residió el artista y que inspiró muchas de sus obras. Tal y como describe el especialista en Historia del Arte Kennet W. Maddox: “Una calma fantasmagórica impregna el lienzo de Bricher. Los rayos de luz que surgen de un cielo encapotado iluminan el resplandeciente horizonte, mientras las olas rompen en la arena dibujando prístinas siluetas con el lento retroceder del agua.” En los cielos plomizos de esta pintura se entremezclan estratos y estratocúmulos, colándose los haces luminosos por los huecos que suele haber entre cada uno de los elementos individuales que constituyen los citados estratocúmulos. El tratamiento de la luz es perfecto, algo que llama especialmente la atención en los reflejos que aparecen en la arena mojada de la playa. A pesar de las pequeñas olas, una sensación de quietud y de aislamiento invade la escena y nos atrapa. ¡Quién no ha experimentado algo así en alguna ocasión al pasear sólo por la orilla del mar! El relajante sonido del oleaje es lo único que percibiríamos en ese delicioso paseo. En palabras de Jeffrey R. Brown, el cuadro “irradia naturalismo puro”, algo que Alfred Thompson Bricher logra transmitirnos de forma muy eficaz, eliminando deliberadamente cualquier elemento distorsionador, como pudiera ser un barco, pájaros en el cielo o la presencia de bañistas.

© José Miguel Viñas

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