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PINACOTECA
Muchacha de Figueres

Salvador Dalí
Año 1926
© Fundación Gala-Salvador Dalí

Salvador Dalí (1904-1989) nos brinda en muchos de sus cuadros unos cielos que llaman la atención por las nubes que aparecen en ellos. Esos celajes reflejan fielmente las escenas meteorológicas que el genio de Cadaqués contempló desde su más tierna infancia en el lugar que le vio nacer, la Costa Brava, en la comarca catalana del Alt Empordà. En su artículo “El tiempo atmosférico en los cuadros de Dalí”, el meteorólogo Francisco Martín León apunta acertadamente que este artista supo transportar y plasmar los cielos, vientos, nubes y fenómenos atmosféricos que forman parte de la impronta de las gentes de esas tierras catalanas donde el sonido de la tramontana, la lluvia, los temporales otoñales, etc., son elementos característicos del tiempo ampurdanés. Aunque en su etapa inicial el realismo de las escenas es normal y lógico, poco a poco su forma de pintar y de entender la pintura se fue transformando y el cielo, su atmósfera, sus escenas de la temperie, van evolucionando hacia horizontes que en muchas ocasiones no están en el mundo real, si no en el de los sueños del pintor”. El leitmotiv de esta obra temprana de Dalí es “La encajera” que retrató magistralmente el pintor flamenco Jan Vermeer (1632-1675). Las nubes aplastadas que salpican el cielo azul del cuadro son altocúmulos lenticulares. Tan llamativas formaciones nubosas son el resultado del fenómeno de onda de montaña que tiene lugar cuando sopla viento fuerte del Norte (Tramontana) por aquellas tierras gerundenses, del nordeste de Cataluña. Al incidir en sentido N-S sobre la barrera pirenaica (las montañas que aparecen dibujadas al fondo), se genera una ondulatoria en el flujo aéreo a sotavento del obstáculo montañoso, apareciendo esas nubes lenticulares en las crestas de las ondas, sobre la vertical del territorio ampurdanés. La muchacha que está haciendo encaje de bolillos es Ana María, hermana del pintor, y su vestimenta, junto a los árboles pelados de la plaza, nos sugiere que la escena tiene lugar un día cálido y luminoso de otoño, si bien la Tramontana –y las lenticulares asociadas a ella– provocará un rápido cambio de tiempo.

© José Miguel Viñas

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