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Los bosques de niebla

Pasear por un bosque húmedo, de esos cuya frondosa vegetación parece estar siempre abrazando la niebla, constituye una experiencia vital que nadie debería perderse. Dejando a un lado las exuberantes selvas tropicales, en latitudes algo más altas –hasta 30º en cada hemisferio– encontramos, de forma más aislada, entornos naturales parecidos en zonas costeras o en islas, normalmente sobre faldas montañosas abruptas, situadas entre 400 y 1.300 m sobre el nivel del mar.

Esos vergeles surgen a menudo en zonas áridas y semiáridas, donde las precipitaciones convencionales no son especialmente generosas, ganando protagonismo las llamadas lluvias horizontales, conocidas también como “lluvias ocultas” o criptoprecipitaciones. Gracias a ellas, dichos oasis de niebla consiguen captar del aire una enorme cantidad de agua, que los vientos dominantes en esas zonas se encargan de suministrar, desplazando horizontalmente aire húmedo, a menudo saturado. Estas nieblas móviles, llamadas también nieblas de advección, no son más que estratos nubosos que se forman sobre el mar, en lugares donde el agua está fría.

En España, encontramos bosques de niebla principalmente en las Islas Canarias, aunque en el sur de la Península Ibérica, en Algeciras, se localiza el más septentrional del planeta, un bosque nuboso que recibe el curioso nombre de “Los Canutos”. En aquellos lugares donde el mar de nubes “toca tierra” y sopla un viento cuasiconstante –los alisios en el caso canario–, el agua contenida en la niebla pasa a convertirse en un importante aporte hídrico para el suelo.

En Canarias, tenemos varias selvas de laureles o laurisilvas, así como algunos bosques de tilos de gran frondosidad. Los mecanismos de captación de la humedad del aire son de lo más ingeniosos. El mejor captador natural de agua de la atmósfera es la usmea, que es un liquen en forma de red, como una maraña de hilos, que suele agarrarse a las ramas de los árboles y desde allí atrapa las gotitas de niebla. Las bromelias serían el máximo exponente de “plantas del aire”, cuya especie más conocida es la piña tropical.

En palabras de José María Guevara –técnico de Medio Ambiente del Ayuntamiento de Málaga–: “En general, el bosque nuboso se caracteriza por la presencia de especies arbóreas con una copa muy ramificada, de hojas perennes, grandes, rígidas (a veces engrosadas) y lustrosas. El sotobosque es también muy denso, con gran abundancia de especies trepadoras. Es característica la presencia de especies epífitas sobre los troncos de los árboles así como de un gran número de helechos, musgos y especies tapizantes. En su conjunto, el bosque nuboso es un bosque muy denso, casi impenetrable, de mediana - baja altura y con una alta diversidad de especies florísticas, muchas de ellas endémicas de este tipo de hábitat.


© José Miguel Viñas

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