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La nube herradura
Todos, en alguna ocasión, nos hemos dejado seducir por las formas que adoptan las nubes en el cielo. Los caprichosos contornos nubosos nos ofrecen un amplio muestrario de perfiles humanos, animales, objetos cotidianos, etc., cuya identificación –con frecuencia forzada por la imaginación de cada uno– siempre llama nuestra atención. Tal es el caso de esta “nube herradura”, cuya formación obedece a unas circunstancias particulares en la atmósfera.
 
La fotografía fue captada por mi buen amigo Ramón Baylina, responsable del observatorio meteorológico de Sort (Lérida), el 15 de marzo de 2008, en las cercanías de la estación de esquí de Cerler, en el Pirineo Oscense. Aunque son raras y difíciles de ver, las llamadas “nubes (o vórtices de) herradura” (horseshoe vortex) están documentadas y se conocen someramente las causas a las que son debidas.
 
La mayoría de las veces aparecen en zonas montañosas y es necesario tener aire en rotación, lo que en Meteorología se conoce como vorticidad.  La presencia, además, de pequeños cúmulos es ideal para la formación de esas estructuras nubosas, en forma de media luna y dotadas de una ligera rotación.
 
Todo comienza con la aparición de una especie de vórtice rotatorio en aire claro, a modo de rodillo horizontal (que gira en torno a un eje paralelo al suelo), inducido por la presencia de una fuerte cizalladura vertical (grandes diferencias del viento en altura, al desplazarnos en la vertical). Si la rotación se intensifica, la bajada de presión es lo suficientemente grande como para favorecer la saturación de la parte superior del rodillo, formándose una nube inicial, que todavía no adopta la forma de herradura. Para que esto ocurra, deben entrar en escena esos pequeños cúmulos que comentábamos. 
 
Las corrientes ascendentes (reforzadas por la presencia de montañas) que impulsan a estos cúmulos, son interceptadas por el vórtice rotatorio, lo que da como resultado la “nube herradura”. Ésta logra mantenerse algo más de tiempo visible que el resto del cúmulo, ya que, debido a la rotación, la mezcla con el aire de alrededor es menos efectiva que la que tiene lugar en las paredes del cumulito. En cualquier caso, la aparición de la “nube herradura” es bastante fugaz. La de la fotografía apenas duró un minuto y medio, lo que da mayor mérito al bueno de Ramón y a la siempre atenta Conchi Ciurana, reconvertida pirenista por obra y gracia de silver.

© José Miguel Viñas

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